Microrrelatos en cuarentena


VivirEMos 🧡

La vida que vueltas da!!!!!
Quien podía imaginar, lo que nos iba a pasar.
Si, pudiera volver atrás, y la vida, me diera otra oportunidad.
Viviría intensamente, disfrutando de mi gente.
Cambiaría algunas cosas, que por pereza postergue. Esos vinitos contigo, esos cafés con amigos,  esas ganas de besaros, esos lo haremos más tarde.
Tarde, se nos hizo tarde.
Y ahora desde este encierro, siento que he perdido mí tiempo, por pereza algunas veces. Que dejé cosas por hacer, que ya no podrán ser.
Cuando mi puerta se abra y la vida me de otra oportunidad. No dejaré para luego, tantas cosas que ahora, no puedo.
Y lo primero que haré, será ir corriendo a abrazarte y besarte, tú ya sabes quien eres. Ese amor de mi vida, que ahora solo puedo ver a través de una pantalla.
Besos y abrazos te aguardan, de esos que nada ni nadie, dejaremos nos quiten jamás. Te quiero y lo sabes princesa.

Montse Cañedo.


Se lo he escrito a mi madre.
 Falleció el 10 de abril. 

Te fuiste en un mal momento. 
El mundo andaba revuelto, 
y no nos concedió más tiempo. 
Sin un adiós, te marchaste, 
a tú bola, como siempre. 
Tus, cuando vienes a verme, 
se acallaron, para siempre. 
Te marchaste un 10 de abril, 
con las flores y aguas mil.
Me dijiste, me encuentro rara,
aunque no me duele nada. 
El consuelo que me queda, 
es que no sufrieras nada. 
Adiós, guerrera infinita, 
dónde estés, se buena
y quédate, tranquila. 


Montse Cañedo 


REFLEXIÓN

El hombre desde hace mucho tiempo piensa que está en la cúspide de la cadena alimentaria de la Tierra. Hace y deshace a su antojo con el planeta. Ha desarrollado tanto sus habilidades que a veces hasta se cree inmortal si no fuese porque a todos, antes o después, nos alcanza la muerte. Viajamos de un lado a otro del planeta en cuestión de horas. Construimos edificios enormes donde nos conviene. Desviamos ríos, si molestan y, hasta a veces, le robamos agua a los mares. Modificamos los paisajes como más nos conviene. Pero llega un virus de repente y trastoca todo. Nos doblega hasta impedirnos salir de casa por el miedo que nos causa. Pone en peligro nuestro sistema económico. Nos obliga a protegernos de él constantemente y extremar nuestras precauciones. No podemos pararlo como nos gustaría y simplemente nos queda esperar y ver el desenlace que el destino quiera ofrecernos. Igual deberíamos pensar que no somos tan omnipotentes, que no tenemos la verdad absoluta de todo. Aparece una piedrecita en nuestro camino y altera nuestro rumbo inevitablemente. Quizá no somos tan poderosos.

Raquel Parra


COLOR ESPERANZA

Día a día veo las mismas paredes, con los mismos cuadros que llevo viendo desde hace años, y las mismas ventanas a través de las cuales veo el mismo edificio, con su misma calle, y los mismos coches de siempre.

Pero esta vez algo ha cambiado, las paredes tienen más color, los cuadros parecen tener vida, a través de las ventanas sigo viendo el mismo edificio, pero esta vez….  tiene gente, ahí vive alguien.

Las ventanas y las terrazas se llenan de gente. y unos hablamos con otros, el de una terraza con el de la de al lado. Ni ellos mismos sabían que existían. Hasta los de enfrente también nos sumamos, y nos saludamos.

¿Por qué la de mi izquierda está tan atenta a los que grita el de enfrente?

“Estamos jugando al bingo”- nos dice.

De repente nos hemos dado cuenta de que detrás de los ladrillos hay vida adulta, infantil, incluso hasta senil, que hay gente de todo tipo, con o sin problemas, con una salud radiante, o a trompicones, o precaria, más acompañados, o solos, pero ya no están tan solos.

De repente ya no somos seres fríos, que nos saludamos entre dientes, si es de lejos, mejor, no vaya a preguntarme qué tal estás, y me vea en la obligación de eludir la respuesta….

De repente estamos todos hermanados, juntos, frente a una misma causa.

Da igual si antes nos hablábamos o no, ahora hasta nos sonreímos, y sí, estamos todos, porque los coches parecen completamente inertes, todos en el mismo sitio, como desde hace días, de hecho semanas.

Semanas  en las que yo solo veo solidaridad, respeto a las normas impuestas, humildad: “amigos, esto es lo hay”. Ahora somos capaces de pasar tiempo y disfrutar con cualquier cosa: cocinar, pintar, hacer manualidades, hasta hemos rescatado los juegos de mesa. Somos capaces de detener el tiempo, ¿por qué antes no?

Esperanza,

 Esperanza porque esto siga así, porque a cada uno se nos pegue estos valores, como se nos han pegado las normas de este confinamiento.

Y color, el que veo en mi calle cada día a las 20:00, cuando todos emocionados aplaudimos a la solidaridad, humildad, y lucha, que como muchos de nosotros, ya sabemos, hay que llevar.

Donde hay confinamiento, yo solo veo esperanza, de que sigamos así.

Olga


EMcerrados

Día cero, fin del confinamiento, fin de la incertidumbre, fin del miedo. Desde la ventana veo gente  brotar de los portales con un algarabía primaveral. La fiesta se entiende como la bruma por las calles. Desconocidos de todas las edades se abrazan, cantan y bailan. Abro la ventana con dificultad para dejar entrar el jolgorio y mi corazón baila con ellos. El covid 19 ha dejado una cicatriz social difícil de curar y sin embargo en sus ojos se refleja una luz nueva. Me pregunto si su nueva mirada llena ahora de ternura y comprensión será capaz de ver que mis encierros periódicos tampoco son voluntarios y que mi prisión no está entre estos muros. Está bajo mi piel y se llama Esclerosis Múltiple.

Elena Martínez Cobos


Confinamiento….me suena a palabreja que es usada en tiempos de guerra, prisioneros gravemente heridos, prohibición impuesta de moverse.

Nosotros, el, ella…todos acostumbrados a vivir de forma plena, unos acostumbrados al exceso, otros a proporcionar ese disfrute que a veces limita tu pensamiento, otras lo derrota y algunas veces nos hace crecer, unos a ver y criticar desde casa lo que ve, otros lo mismo con verbo fluido haciendo oratoria de ello, algunos padeciendo con una sonrisa y otros entregados a un deleite que parece no tener fin, otros saltando sin red y otros siempre caminando con colchón, pero todos siempre moviéndose.

Ahora toca parar, de forma obligatoria. Esa forma que el ser humano encaja mal, que no está acostumbrado, cuando la gran parte de la humanidad nunca ha padecido ese trance habiendo otra parte, menos numerosa, que no conocen otra forma de vida.

Ahora con tiempo para hablar relajadamente que nos ha sido impuesta por ese minúsculo ente con nombre de robot COVID 19.

Y es ahora, suele pasar en estas situaciones, cuando debemos pensar en ajustarnos a una libertad culta, a un esparcimiento colaborador, a dar importancia a lo que como seres humanos nos hace crecer, a sacar redito beneficioso de todas nuestras acciones.

Tenemos la oportunidad que nos da este sin sentido impuesto, que con mucho coraje, pensamiento y voluntad, de volver a encontrar esa esencia genuina que como personas tenemos, esa actitud limpia sin dobles fondos ocultos que ocultan egoísmo, crueldad, avaricia y en muchas ocasiones la indiferencia a nuestro prójimo, la deslealtad a nuestro entorno.

Es costoso el confinamiento, pero mucho más arduo y laborioso será reconducir al ser humano en objetivos comunes que beneficien su existencia y la de su alrededor.

Crecemos con la adversidad, somos así de torpes, aprovechemos todos esta experiencia.

El Contador de Historias


PACIENTE CERO

Acabo de llegar de Italia con la imagen de mi bella Adriana recién despierta aún en mi retina. No podría esperar otra cosa y en el aeropuerto estaban aguardando mi madre con su actual marido…

Así empieza una historia inimaginable hasta el momento y que se convertiría en la distopía más cruel.

Como podría pensar que la Esclerosis Múltiple que padece mi madre no sería la más negruzca de nuestras preocupaciones. Solo seis días después, Ángela (que así se llama mi mamma) estaba ingresada en el recortado y masificado hospital de esta ciudad  aquejada del punzante ataque de un virus con nombre de robot. En cuestión de horas, los acontecimientos se precipitaron y el número de personas infectadas crecía y crecía.

Esa noche, me invadió un malestar alentado por un recurrente pensamiento: ¿sería yo el paciente cero en mi región?, ¿podría ser el causante de tanto dolor? La más que incipiente fiebre se juntó con el fuerte desasosiego producido por una responsabilidad que me comía el tuétano. La certeza de haber sido quien esparció el virus incluso a mi propia primogénita.

Me telefoneó la neuróloga y esa llamada tranquilizó mi pulso. A pesar de la EM, el pronóstico era muy favorable debido a la gran fortaleza que presentó siempre Ángela ante esta enfermedad. Al paso de los años, hemos comprendido que resulta fundamental enfrentarse con actitud positiva ante la Esclerosis Múltiple.

En algunos días, tanto mi madre como yo, superamos el virus pero el come-come de haber sido quien dio origen a tanto sufrimiento…Nunca me consideré mala gente y creo que es el momento de no buscar culpables… ni “pacientes cero”.

La vida continúa…

Mr. Arkadin

5 comentarios en “Microrrelatos en cuarentena”

    1. Buenas Elisabeth, gracias por tu comentario. Te digo que estos relatos los envían todas las personas que quieran participar. Desde la Asociación nos limitamos a publicar.
      Te invito a participar mandando un relato que seguro resulta interesante.
      Ánimo para pasar estos días 😀😀😀💪.

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