Microrrelatos en cuarentena

EMcerrados

Día cero, fin del confinamiento, fin de la incertidumbre, fin del miedo. Desde la ventana veo gente  brotar de los portales con un algarabía primaveral. La fiesta se entiende como la bruma por las calles. Desconocidos de todas las edades se abrazan, cantan y bailan. Abro la ventana con dificultad para dejar entrar el jolgorio y mi corazón baila con ellos. El covid 19 ha dejado una cicatriz social difícil de curar y sin embargo en sus ojos se refleja una luz nueva. Me pregunto si su nueva mirada llena ahora de ternura y comprensión será capaz de ver que mis encierros periódicos tampoco son voluntarios y que mi prisión no está entre estos muros. Está bajo mi piel y se llama Esclerosis Múltiple.

Elena Martínez Cobos


Confinamiento….me suena a palabreja que es usada en tiempos de guerra, prisioneros gravemente heridos, prohibición impuesta de moverse.

Nosotros, el, ella…todos acostumbrados a vivir de forma plena, unos acostumbrados al exceso, otros a proporcionar ese disfrute que a veces limita tu pensamiento, otras lo derrota y algunas veces nos hace crecer, unos a ver y criticar desde casa lo que ve, otros lo mismo con verbo fluido haciendo oratoria de ello, algunos padeciendo con una sonrisa y otros entregados a un deleite que parece no tener fin, otros saltando sin red y otros siempre caminando con colchón, pero todos siempre moviéndose.

Ahora toca parar, de forma obligatoria. Esa forma que el ser humano encaja mal, que no está acostumbrado, cuando la gran parte de la humanidad nunca ha padecido ese trance habiendo otra parte, menos numerosa, que no conocen otra forma de vida.

Ahora con tiempo para hablar relajadamente que nos ha sido impuesta por ese minúsculo ente con nombre de robot COVID 19.

Y es ahora, suele pasar en estas situaciones, cuando debemos pensar en ajustarnos a una libertad culta, a un esparcimiento colaborador, a dar importancia a lo que como seres humanos nos hace crecer, a sacar redito beneficioso de todas nuestras acciones.

Tenemos la oportunidad que nos da este sin sentido impuesto, que con mucho coraje, pensamiento y voluntad, de volver a encontrar esa esencia genuina que como personas tenemos, esa actitud limpia sin dobles fondos ocultos que ocultan egoísmo, crueldad, avaricia y en muchas ocasiones la indiferencia a nuestro prójimo, la deslealtad a nuestro entorno.

Es costoso el confinamiento, pero mucho más arduo y laborioso será reconducir al ser humano en objetivos comunes que beneficien su existencia y la de su alrededor.

Crecemos con la adversidad, somos así de torpes, aprovechemos todos esta experiencia.

El Contador de Historias


PACIENTE CERO

Acabo de llegar de Italia con la imagen de mi bella Adriana recién despierta aún en mi retina. No podría esperar otra cosa y en el aeropuerto estaban aguardando mi madre con su actual marido…

Así empieza una historia inimaginable hasta el momento y que se convertiría en la distopía más cruel.

Como podría pensar que la Esclerosis Múltiple que padece mi madre no sería la más negruzca de nuestras preocupaciones. Solo seis días después, Ángela (que así se llama mi mamma) estaba ingresada en el recortado y masificado hospital de esta ciudad  aquejada del punzante ataque de un virus con nombre de robot. En cuestión de horas, los acontecimientos se precipitaron y el número de personas infectadas crecía y crecía.

Esa noche, me invadió un malestar alentado por un recurrente pensamiento: ¿sería yo el paciente cero en mi región?, ¿podría ser el causante de tanto dolor? La más que incipiente fiebre se juntó con el fuerte desasosiego producido por una responsabilidad que me comía el tuétano. La certeza de haber sido quien esparció el virus incluso a mi propia primogénita.

Me telefoneó la neuróloga y esa llamada tranquilizó mi pulso. A pesar de la EM, el pronóstico era muy favorable debido a la gran fortaleza que presentó siempre Ángela ante esta enfermedad. Al paso de los años, hemos comprendido que resulta fundamental enfrentarse con actitud positiva ante la Esclerosis Múltiple.

En algunos días, tanto mi madre como yo, superamos el virus pero el come-come de haber sido quien dio origen a tanto sufrimiento…Nunca me consideré mala gente y creo que es el momento de no buscar culpables… ni “pacientes cero”.

La vida continúa…

Mr. Arkadin

2 comentarios en “Microrrelatos en cuarentena”

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